¿Sabes de que vocecilla hablo? Es esa voz que nos repite más o menos intensamente lo que nos está pasando. Mejor dicho lo que interpreta que está pasando. Una voz que justifica cualquier cosa y que se pasa buena parte del día resonando en nuestra cabeza. En los dibujos animados la pintan como el demonio y el angelito que nos hace pensar demasiado sobre todo. Pero en realidad no somos conscientes de que está ahí porque pensamos que somos nosotros. Nos dice que somos víctimas, que los demás nos están atacando, que vigilemos, que no nos equivoquemos, que estemos alerta, que los demás son malos, y una infinidad de cosas más… Es una voz que si en lugar de verla como nosotros mismos, la viéramos como otra persona le hubiéramos dejado de hablar hace tiempo. Pero no sólo la escuchamos sino que además nos tomamos lo que dice como algo muy cierto, como algo real.
Si te dijera que esa voz la podemos escuchar, observar y silenciar voluntariamente, ¿Qué me dirías?
Te propongo un juego: «Escucha la vocecilla» y observa sus suposiciones o meras invenciones sobre el futuro, el pasado sucedido o como sería si hubiera sucedido algo de otra manera. Piensa como de útiles son esos pensamientos. Y prueba de desconectar la voz. Hazlo como si en vez de ti fuera otra persona. ¿Cómo? Centrándote en el presente. Y me cuentas cómo lo haces y qué descubres, ¿vale? Si no puedes apagarla no pasa nada; observar es el primer paso.















